Terra Madre Salone del Gusto
¿Cuándo un evento deja de ser simplemente un evento para convertirse en una herramienta de comunicación?
La semana pasada fui a Terra Madre Salone del Gusto, el gran evento de Slow Food que se celebra en Torino, y llegué pensando que iba a pasar un día entre comida, productores y nuevos sabores.
Y sí. Probé muchas cosas. Incluso una cerveza de Eslovaquia que estaba fenomenal.
Pero también terminé pensando en comunicación institucional.
Porque Terra Madre no es solamente una exposición gastronómica. Entre stands, conferencias, asociaciones, productores y organizaciones de distintos lugares, el evento construye una conversación alrededor de la biodiversidad, la alimentación, la agricultura, el clima, la economía local y nuestra manera de consumir.
El lema de esta edición lo resumía bastante bien: “Biodiversity – Be – Diversity”.
Y entonces me pregunté, ¿Qué imagen está construyendo Slow Food a través de Terra Madre? . Y también, ¿Qué imagen de Torino se está comunicando al mundo?
Porque un evento así también comunica territorio. Torino deja de ser solamente el lugar donde se celebra Terra Madre y se convierte en parte de la experiencia: una ciudad que se presenta como espacio de encuentro, debate, gastronomía, sostenibilidad y participación.
De hecho, la propia normativa italiana sobre comunicación pública contempla la participación de las administraciones en ferias, congresos y eventos especializados como una forma de comunicación.
Y ahí empecé a pensar que quizás un evento no comunica solamente lo que ocurre dentro de él.
También comunica quiénes somos, qué defendemos y cómo queremos que nos vean.
Pero hubo algo que me llamó especialmente la atención.
Los precios de algunos productos eran bastante altos.
Y empecé a preguntarme cuánto cuesta realmente producir y mover alimentos en un contexto de cambio climático, de cadenas de suministro más complejas y de productores que llegan desde diferentes partes de Italia y del mundo.
No tengo todavía una respuesta, pero creo que también ahí hay una conversación que merece la pena tener, ¿Cuánto estamos dispuestos a pagar por la diversidad alimentaria que decimos querer proteger?
Y entre tantas banderas, encontré una que me hizo especialmente feliz, Colombia.
Ver a mi país allí me sacó una sonrisa. Aunque, siendo sincera, me hubiera gustado encontrar un espacio un poco más grande, como los que vi de Perú o México. Me quedé con ganas de ver más de Colombia en una feria que precisamente habla de biodiversidad, territorio y cultura alimentaria.
Al final, eso fue lo que más me gustó de Terra Madre.
Que fui a comer y terminé observando.
Observando quién estaba, qué se mostraba, qué se vendía, qué se debatía y qué historias sobre nuestros territorios se estaban contando. Llegué pensando que iba a un evento sobre comida y terminé preguntándome cómo una ciudad, una organización y unas instituciones pueden contar quiénes son a través de lo que ponen sobre una mesa.
Y quizá ahí empieza también la comunicación institucional, no solo en lo que una institución dice, sino en la experiencia que consigue construir alrededor de aquello que quiere comunicar.




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