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Laura



Hace tiempo que vengo pensando que cada persona que se cruza en nuestro camino tiene algo que enseñarnos. Al conocer a alguien por primera vez, solemos formarnos una idea preconcebida sobre cómo creemos que es esa persona. Estas percepciones provienen de lo poco que hemos hablado con ella, de lo que otros nos han contado o simplemente de nuestros propios prejuicios y suposiciones. Además, cada uno lleva consigo una maleta llena de experiencias, siempre lista para ser abierta y cargada con nuevas enseñanzas.


Cuando conocí a Laura hace un par de semanas, ni ella ni yo imaginábamos lo que esos pocos días juntas nos iban a dejar. A veces, las personas llegan a nuestras vidas sin previo aviso, tal vez solo por unas horas, y sin embargo, nos dejan algo valioso que aprender.


Laura tiene 32 años, nació en Medellín el 16 de marzo de 1992, y hoy quiero compartir su historia.


En uno de esos días en los que ambas solo queríamos estar presentes, sin necesidad de palabras, salimos a caminar por la zona de los viñedos, para despejar nuestras mentes y quizás también conocernos un poco más. Laura me pareció una persona amable; cuando llegó a lo que ahora se supone es mi hogar, ya empezaba a hacer frío. Ella llegó con sandalias, una maleta casi vacía y cansada después de más de diez horas de viaje. Esa noche no hablamos mucho, solo discutimos lo que Sandra y yo habíamos planeado para su estadía con nosotras.


Laura vino a desconectar y, al mismo tiempo, a reconectar consigo misma. Lo curioso es que, después de esa semana, todas las que estábamos en la casa, incluida yo, logramos una mayor conexión, tanto con nosotras mismas como con los demás.

Mientras caminábamos hacia los viñedos, ella se mostraba algo triste, pues echaba de menos a sus hijos. Fue entonces cuando comenzó lo que parecía una conversación propia de una primera cita. Laura me hacía muchas preguntas sobre mí: ¿Qué estudiaste? ¿Por qué dejaste tu casa? ¿Qué planes tienes para el futuro? Caminábamos juntas, lado a lado, enlazadas de brazos. Aunque, en cierto modo, me sentía como si estuviera en un interrogatorio, ya que hacía tiempo que nadie me preguntaba esas cosas, ella no dejaba de indagar: ¿Y qué quieres hacer?, yo le respondí: “siempre he sabido lo que quiero hacer y donde quiero estar, pero ahora simplemente estoy aquí, y quiero ser feliz. Cuando se resuelva mi situación, sabré que puertas tocar y donde quedarme, por ahora no quiero pensar en más nada”.


Continuamos caminando, a ella parecía gustarle las vistas. Y empezábamos a conocernos un poco más, ella me preguntaba sobre mi infancia y yo le devolvía la pelota. ¿Cómo fue tu infancia? “Mi infancia se separa”, responde, “una parte fue hasta los nueve años, y otra cuando me fui de Colombia. Era muy feliz cuando compartía con mi familia, siempre fue una familia grande, de parte de mamá…se me viene a la mente que fue muy inestable, mi mamá siempre nos tuvo de aquí para allá, incluso estando dentro de Colombia…cada año era un colegio distinto, una casa distinta...aprendí a desapegarme de las cosas, del ambiente de la gente…quería sentirme que pertenecía, pero nunca fue así…”.


Mientras conversábamos, nos íbamos conociendo cada vez más. Las palabras fluían con naturalidad, como si nos conociéramos de toda la vida. En el poco tiempo que llevaba conociendo a Laura, me daba cuenta de que tenía un don especial: el de hablar con las personas y hacer que revelaran sus secretos, deseos y mentiras más profundas. 


Laura es madre de dos pequeños, y las razones que la llevaron a emprender este viaje, además de la depresión que la acompaña, estaban relacionadas con el comportamiento de su ex pareja, quien le había quitado los días que le corresponden con sus hijos, como si fuera un castigo hacia ella. Laura solo tiene ciertas horas para poder hablar con ellos, horas impuestas por su ex, como si ser madre fuera un trabajo a medio tiempo. Ese día ya llevaba varios días sin poder comunicarse con sus hijos, y me contaba que se sentía culpable por no poder mantener el contacto, pero que si los llamaba en los “horarios establecidos”, caería en su juego y no podría liberarse de esa situación. Aunque no he vivido algo parecido, lo entendía perfectamente.


Últimamente siento la necesidad de recordar muchas cosas, incluso aquellas que me incitan a sobrepensar. Hay algo en mí que me impulsa a poder recordar todo. Quiero entender de dónde vengo y todo lo que he vivido. No solo para reconocer los esfuerzos que he hecho, sino también para comprenderme mejor. ¿De dónde vengo? ¿A dónde voy? ¿Por qué sigo sintiendo este dolor? Una dosis de existencialismo a mis veinticinco años. ¿Le echamos la culpa a la luna? ¿Y mi papá? ¿Mi mamá? ¿Mi hermano? Tal vez, no solo para entender a Laura, también necesitaba conocer más sobre mí misma, entender qué me había llevado a este punto en el que me encuentro, e incluso a ella.


¿Qué papel cumplía el hombre y la mujer en tu familia? le pregunto:  “en mi familia las mujeres repetimos el ciclo de mi abuela, mi abuela tuvo nueve hijos y casi todas las mujeres han estado separadas al final… los hombres de la familia son responsables, buenos padres, siguiendo el ejemplo de mi abuelo, en la casa se hacía todo lo que mi abuelo decía, en términos de la educación y ser el buen ejemplo, aunque sí eran bastante perros, bastante machistas…”.


Comprendía que ella conocía de dónde viene, pero también quise preguntarle sobre aquel patrón que ella misma reconoció y por el cual está pasando ahora. 


También quería entender las razones por las cuales, en un principio, decidió estar con su pareja. Cuando Laura lo conoció, tenía poco más de diecinueve años y él treinta y uno. La diferencia de edad era considerable y difícil de ignorar. Sin embargo, lo que me parecía aún más significativo es que esa diferencia de edad era similar a la que existía entre mis padres cuando se conocieron y decidieron formar una familia. No puedo negar que dentro de su relación hubo y siguen viviendo momentos felices, pero, sin duda, cada uno vivió diferentes etapas, tanto dentro como fuera del matrimonio. También es cierto que, en esa época, era común que una joven de veinte años se casará y quedara embarazada. Pero me pregunto, ¿realmente mamá quería ser madre en ese momento? ¿Y papá, quería ser papá?


Sé que Laura soñaba con ser madre, tener una familia, un hogar.


Laura me contaba que fue a varias escuelas, la primaria fue en un colegio de monjas, y que su experiencia fue positiva, ella sentía que pertenecía. Cuando estudió en la Costa, hizo su grupo de amigas y estaba amañada. Me dice: “nunca fui amante del colegio, ahora en terapia me di cuenta que tengo déficit de atención pasiva, no fui mala estudiante…pero porqué sabía cómo hacer las cosas”. En Costa Rica, estuvo un año, y su experiencia también fue positiva, citó: “me sentí bienvenida, aunque fuese extranjera…siempre me daba duro volver a tener que dejar mi grupo de amistades y volver a empezar porque me apegaba mucho a mis amigas y siempre me daba esa nostalgia de otra vez dejarlas” Al llegar a Estados Unidos, su experiencia cambia. 


Laura llega alrededor de sus once años y me comenta que: “yo era súper tímida y acá me hacían mucho bullying los mismos colombianos porque tenía la frente grande y los niños me acosaban sexualmente, me tocaban el culo…ellos lo veían como un juego entre ellos…como faltandoles el respeto de esa manera a las mujeres, y como yo veía que lo hacían regularmente con otras personas, lo veía que era como normal, hasta que un día ya ni m.. y los acuse, me vieron de mala manera, no lo entendía, que disfrutaba esos juegos”. Por otro lado, el idioma me dice que: “...el no poder hablar inglés me trajo otro río de inseguridades porque no me sentía para nada cómoda en hablarlo…solo fue hasta el college que hable inglés…sentía que se burlaban…”


En mi colegio recuerdo haber visto comportamientos similares. Hablar de género o sexo era un tema completamente tabú; incluso me atrevería a decir que era como si simplemente no existiera. Es cierto que en casa también recibimos educación, pero provenimos de generaciones que se aterraba ante la idea de explicarnos cómo funciona nuestro cuerpo, qué significa ser mujer y los desafíos que esto conlleva.


Tuve mi primer periodo siendo muy pequeña, y fue mi padre quien me explicó cómo funciona el ciclo menstrual. Más adelante, cuando mis amigas comenzaron a tener sus primeros periodos, yo ya tenía experiencia con las compresas y mis pechos habían empezado a desarrollarse mucho antes de lo que imaginaba. Recuerdo sentir vergüenza por mi cuerpo, por cómo estaba cambiando y por ser diferente al de mis amigas.


No creo que esto sea necesariamente una forma de machismo, y que lo es, pero sí considero que habría sido muy útil que en el colegio nos hablarán sobre los cambios que experimentaríamos y cómo estos serían parte de nuestra vida. Entiendo que no era estrictamente su responsabilidad, pero un poco de conciencia y educación sexual no le habría venido mal a nadie.


Hicimos una pausa para disfrutar de las vistas desde el campo de golf del hotel. Laura parecía sorprendida al enterarse de que había estudiado ciencias políticas y, con evidente curiosidad, me preguntó el motivo. Yo respondí sin dudar: “siempre he sido una persona bastante curiosa, quería saber qué pasaba y quería hacer algo”. Como yo lo veo, he cumplido todas las expectativas sociales que se esperaban de mí, estudiar, trabajar, salir adelante. Poco me he dado el lujo de parar y preguntarme si era feliz haciéndolo. Mis padres siempre me han impulsado a aprender, disfrutar la vida, conocer el mundo, pero sobre todo a ser feliz. Además, de saber que hay un líder en mi. Laura ¿Qué significa para ti “liderazgo femenino”?, me dice: “Las mujeres que tienen su parte masculina más desarrollada porque el liderazgo está más asociado a los hombres, en mi cabeza lo tengo así…son más determinadas, dominantes, sobresalen por pensar fuera de la caja,como esas mujeres que nadan en contra de la corriente y no tienen miedo de hacer cosas diferentes de lo que el resto ha hecho, viven la vida bajo sus principios y vivir bajo eso”. 


Cuando empecé a estudiar el programa de seis meses sobre Liderazgo Político en la Escuela de Gobierno de la Complutense una de las definiciones que nos brindaron referentes al Liderazgo era sobre la capacidad de una persona para influir, guiar y motivar a un grupo hacia la consecución de metas. El Liderazgo femenino, por su parte, es el mismo ejercicio desde una perspectiva asociada a las características y experiencias de las mujeres. Entonces, el liderazgo, ya sea, femenino o no, se define por las competencias y cualidades del individuo, y no exclusivamente por su género.


Su respuesta es una evidencia de los micromachismo que incluso las mujeres podemos tener. Todas en realidad cargamos con ese conjunto de actitudes o comportamientos y que inconscientemente seguimos promoviendo. El estereotipo de género como forma de liderazgo que ella menciona, creo que parte de un tema cultural y de las experiencias que ella ha tenido en cuanto a los roles de género. Creo que eso la llevó a tomar varias decisiones, incluso en el amor. Espero que Laura sepa que ella es una gran líder.


Ya empezaba hacer más frío, pero seguiamos viendo las montañas y los coches al pasar. Laura me cuenta sobre como conoció a su ex pareja y lo que ha implicado la maternidad en términos de libertad, me cuenta que: “por el tema con mi ex pareja no pude disfrutar la maternidad como a mi me hubiera gustado, con Damian (su primer hijo) si la disfrute mucho, pero como siempre me tocó trabajar, siento que él ha disfrutado más…antes que naciera Damian intentamos nueve años en tener hijos…ya lo que quedaba era la in vitro y era costoso y no teníamos los recursos, entonces solo había la opción de hacerlo en Colombia y no era nada garantizado…nuestra relación de pareja fue muy linda entonces la gente nos veía como la pareja ejemplo e íbamos hacer los mejores papás, porque empecé a trabajar cuidando las niñas, y como él siempre ha sido perezoso para trabajar, es decir, ha buscado la manera en que le quiten el trabajo, terminó trabajando conmigo…vivimos la experiencia de ser papás con las niñas con las que trabajamos, y hacíamos un trabajo de equipo de maravilla, y teníamos la expectativa de que iba a ser así cuando nosotros tuviéramos los nuestros…” ; su voz empieza a cortarse: “...cuando tuve a Damian no puede tener el tiempo, siempre tuve que trabajar, y estuve estresada porque en ese momento trabajaba a mis horarios y quería estar con Damian, y estaba con Damian y estaba estresada por trabajar…entonces tenía que trabajar y cuidar a Damian…fue una maternidad rara…cero libertad…quería demostrar que uno no tenía que vivir de la misma forma en la que ve a todo el mundo viviendo, en que uno tiene que esclavizarse para ser mamá, y no puede salir y no puede dedicarse tiempo para uno…la culpa es tremenda porque uno no puede viajar, no puede comprarse cosas porque tiene que esclavizarse totalmente a ser mamá…trataba de no caer en eso pero siempre terminaba ahí…las expectativas sociales de lo que uno tiene que hacer y que no tiene que hacer… siento que ahora que me separe he podido tener más libertad de poder hacer lo que inicialmente quería, que es ser mamá pero no dejar de ser yo tambien” ;Se entrecortaba un poco más su voz y me decía que: “...sin embargo, sigue estando al principio de cada cosa nueva que voy hacer esa presion social de: pero como se le ocurre hacer eso sabiendo que usted es mamá, o como se le ocurre hacer esto si tiene que guardar la plata para sus hijos…me acuerdo cuando ya estábamos separados, mi ex pareja me juzgo y me dijo que era una mala madre y una verguenza para mis hijos por que había tenido relaciones sexuales con otra persona…quiso hacerme sentir mal por el dolor que el sentía, que era una puta, que estaba de libertinaje, que era una basura y una verguenza de madre para mis hijos…”


Ella me seguía comentando: “amo a mis hijos pero odio en ocasiones ser madre… Me siento culpable de que no le esté dando el mismo tiempo y la dedicación a Pascal (su segundo hijo)”. Al inicio de la separación y debido al estrés derivado de su relación con su expareja, Laura comenzó a experimentar altos niveles de tensión, angustia, emociones intensas y profunda tristeza. Esto provocó que dejara de producir leche materna, impidiéndole alimentar a su hijo, según me comenta: “...me sentía como un culo por no poder darle leche, no puede alimentarlo como pude alimentar a Damian…hasta el día de hoy me siento como suertuda de que me hayan echado del trabajo porque me dio la oportunidad de estar con mis hijos y conectar con ellos…el papá solo los quería cuidar los días que él no estaba trabajando…y cuando yo los cuidaba me tocaba trabajar también,lo cual resultaba que fuese una mamá ausente, y que fue algo que siempre trato de evitar porque siento que eso me tocó a mí, como mi madre fue mamá soltera, nunca tuve a mi papá, y mi mamá siempre le tocaba trabajar y yo no le quería dar eso a mis hijos…”


Sin embargo, sorprendentemente, en ese momento aún lograba mantenerse de pie y no había caído en depresión. Es importante destacar que la depresión de Laura no se originó tras el nacimiento de Pascal. Afortunadamente, no experimentó depresión posparto con ninguno de sus dos hijos. Sin embargo, esta condición se desencadenó por las circunstancias que surgieron tras su separación: las acciones de su ex pareja y el ver cómo, poco a poco, todo lo que había construido se desmoronaba. Alrededor de un año después de resistir y resistir, llegó al límite. La separación comenzó en junio de 2023, pero fue hacia mayo o junio de 2024 cuando emocionalmente ya no pudo más. Finalmente, hace un par de meses, decidió comenzar un tratamiento con medicamentos bajo la orientación de profesionales.


El sol ya se ocultaba tras las montañas, así que decidimos volver a casa. Laura parecía un poco más tranquila; había pasado todo el día llorando. Poco a poco, pude comprender que su dolor nacía del anhelo profundo de estar con sus hijos, de ese deseo tan fuerte de ser madre. Para mí, la maternidad es un desafío enorme, especialmente cuando intentas romper con las normas que la sociedad te impone. Ser mujer, después de todo, no se reduce únicamente a la maternidad.


Cuando Laura se graduó del colegio, tenía claro que quería estudiar psicología, y Gainesville parecía la mejor opción debido a su prestigio como universidad especializada en medicina. Su mamá, que trabajaba con la madre de la ex esposa de quien luego sería su pareja, le ayudó a contactar a un familiar de la ex esposa para compartir apartamento. Fue así como Laura conoció a su futura pareja.


En el inicio de su relación, Laura asumió un rol de apoyo emocional, ya que su pareja estaba atravesando su primer divorcio. Mientras ella continuaba con sus estudios, él trabajaba, y juntos comenzaron a pasar más tiempo hasta que la relación se consolidó. A sus 19 años, Laura iniciaba una relación con él, que en ese momento tenía 31 años.


Laura enfrentó su primera depresión al no lograr adaptarse a su nueva vida, sumado al dolor por la pérdida de un familiar cercano. Durante esa etapa difícil, su pareja le ofreció su apoyo, mostrándole que podía confiar en él y que estaría a su lado como su red de soporte. Según sus palabras: “Él podía acompañarme, cuidarme y protegerme. Él podía hacer eso por mí”


Laura dejó de estudiar al darse cuenta de que la psicología no era su verdadera vocación. Comenzó a trabajar como niñera, actividad que la llevó a fundar su propia agencia de lo mismo. Sin embargo, decidió cerrar el negocio después de cinco años, ya que la mayoría de la responsabilidad recae únicamente en ella, mientras su entonces pareja permanecía en casa ayudando con las niñas que cuidaban, y haciendo lo mínimo con el negocio.


Retomó sus estudios y se inscribió en la carrera de Administración de Empresas, logrando graduarse en 2019, el mismo año en que adquirió su casa. Poco después, inició una pasantía que culminó con una oferta de contrato gracias a su desempeño destacado. Permaneció en esa empresa durante seis años.


Laura tomó la iniciativa de proponer matrimonio a su pareja, ya que sentía que él no estaba dando el paso hacia la estabilidad que ella deseaba. Finalmente, se casaron dos años después de la propuesta. Sin embargo, tras once años de relación y el nacimiento de su segundo hijo, Laura decidió separarse.


Durante el inicio de la separación, su ex esposo decidió encargarse de los trámites legales, lo que marcó el comienzo de un conflicto que sumió a Laura en un estado de depresión. Con recursos económicos limitados para costear abogados, su ex pareja no solo inició los papeles de divorcio, sino que también presentó una demanda millonaria en su contra.


Comenzaron los días interminables: el intercambio de los niños, la búsqueda de una nueva casa. Entonces, le preguntó: "¿Qué ocurría durante esos días?" Y respondió: “Pasaron muchas semanas en las que yo ni siquiera salía ni a desayunar, ni almorzar, ni a comer, ni a sacar un vaso de agua porque cada vez que hacía el intento de salir de la habitación, él trataba de desencadenar una pelea, él generaba un ambiente tóxico en frente de los niños, y obviamente yo tampoco me quedaba callada por el abuso psicológico por el que estaba pasando, y ahí él ya venía asesorandose con alguien. Yo también había averiguado por mi parte, me dijeron que habían dos formas, la primera era la sencilla que era cuando los padres se sentaban y cooperan, era  decirle al juez cómo íbamos a solucionar, y listo, esto nos hubiera salido más económico,  y la otra era por medio de abogados…Un día cuando llegó Sandra quería hablar con él porque quería seguir el ejemplo de ella…cuando le dije a mi ex pareja para hablarlo él respondió con un no porque estaba en un cumpleaños y no le avisaron con anticipación”.


Laura se encontraba en lo que había sido su hogar, disfrutando tiempo con sus hijos. Mientras observaba emocionada cómo Pascal daba sus primeros pasos, el sonido de la puerta interrumpió el momento: alguien traía un sobre con la demanda de su ex pareja. En el documento, él solicitaba quedarse con la casa y el automóvil, además de exigir que Laura cubriera varios pagos de manutención infantil, su seguro de vida y los honorarios de sus abogados. También alegaba que Laura no estaba bien mentalmente y pedía reducir al cincuenta por ciento la custodia que ella tenía derecho a compartir.


Laura sabía y citó: “esta será la batalla de mi vida, tengo que dar lo mejor de mí”


En la actualidad, su ex pareja continúa llenándola de demandas, lo que ha llevado a Laura a acumular deudas derivadas de la falta de disposición de su ex para colaborar. Su afán de venganza y necesidad de reivindicación han transformado una simple separación en una lucha de poder, culminando en una demanda millonaria por más de cincuenta mil dólares, y de la que él pretendía que Laura asumiera por parte de los dos.


Sin duda, es posible que esta historia continúe pero por el momento solo sobra decir que: cuando dos personas se conocen por primera vez, se abre un mundo de posibilidades. Cada uno lleva consigo una historia única: experiencias vividas, sueños, inseguridades y anhelos que aún están por descubrir. Sin embargo, conocer a alguien no se limita a ese momento inicial. Es el comienzo de una exploración mutua, donde se desvela, capa a capa, lo que se encuentra debajo de la superficie. Es un recordatorio de la belleza de lo impredecible: cada encuentro conlleva la posibilidad de descubrir algo inesperado, y, quizás, de aprender algo nuevo sobre el otro y sobre uno mismo.


Laura pasó esos días conmigo y me permitió enfrentarme a mis mayores inseguridades y deseos más profundos. Aunque nunca podré experimentar el dolor que ella lleva dentro, fue durante esos últimos días, cuando se mostraba más tranquila y menos inestable, que realmente la veía por quien es, no como aquella versión pérdida que intentaba llenar un vacío que alguien le había provocado. No puedo contar todas las anécdotas que compartimos las tres, ni el desesperado intento de ayudarla a comprender cosas que creía que la curaran. 


Laura estuvo bebiendo, teniendo relaciones sexuales, llorando y riendo durante esos días con nosotras, pero también estuvo sanando, y nos ayudó a cada una a encontrar consuelo y amor en esos momentos. Unos días antes de su regreso, fuimos de compras, y en la estación del tren, mientras hablábamos de cosas triviales sobre los hombres y nos reíamos de nuestras tonterías, la miró por un momento y le extendí mi dedo meñique, diciéndole: “Prométeme que vas a estar bien, que serás feliz y que ganarás la demanda” Laura no quiso prometerme nada, ni me dijo si estaría bien o feliz, pero sí me dijo: “La demanda la ganaré”





Si deseas apoyar a Laura en este momento tan difícil, puedes hacer una donación de cualquier monto a traves de este enlace: https://gofund.me/f596d0b7




 
 
 

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