top of page

No fue un jueves cualquiera



Mientras muchos seguían su rutina —ir al trabajo, dormir un poco más, correr al metro o al supermercado— yo recibía una notificación que llevaba esperando durante dos años: la aprobación de mi permiso de trabajo en España.


Debería haberme sentido aliviada. Eufórica, quizás. Pero no sentí nada.


La neutralidad emocional fue la última parada de un proceso que me desgastó en lo profesional y principalmente en lo personal. Un proceso que incluyó una respuesta negativa inicial de la administración española, bajo un argumento que todavía me cuesta digerir: estaba sobrecualificada para el puesto.


¿Desde cuándo estar más que preparada se convirtió en una desventaja? ¿No es, precisamente, estar cualificada el mínimo requisito que debería importar?


No dudo de la profesionalidad de los involucrados, tanto en la parte administrativa como en la firma de abogados que contraté para que me representara. Pero ambas partes dejan mucho de qué hablar. Lo que debería haber sido un procedimiento claro y justo, se convirtió en una carrera de obstáculos marcada por la desinformación, la frialdad institucional y la distancia humana.


Hoy, además, se cumple el plazo de un mes para poder iniciar el proceso de activación de mi visa, plazo que me fue notificado con una semana de retraso por parte de mis abogados. Un paso al que, por motivos obvios, ya no podré acceder. Dos años en pausa. Dos años sin respuestas. Dos años marcados por la negligencia y una ética profesional cuestionable, tanto de la administración como del equipo legal que debía respaldarme. Meses de incertidumbre. De destrucción emocional. De perder el rumbo. Dos años…


Desde entonces, no he podido dejar de pensar en todas las personas que, como yo, llegaron a este país con un plan claro: estudiar, trabajar con dignidad y construir una vida. Personas que han cumplido con cada paso, solo para ver cómo su proyecto de futuro se desmorona por una interpretación arbitraria, por un tecnicismo o por una burocracia que no reconoce trayectorias sino etiquetas.


Dispuestas a quedarse, a contribuir, a hacer lo necesario,y aun así, rechazadas.


¿Quién está fallando aquí? ¿El sistema?¿Las políticas migratorias?¿O esa idea persistente de que solo hay lugar para algunos?

 
 
 

Comentarios


Political Science

Pensar políticamente es darle sentido a lo vivido

  • Twitter
  • LinkedIn
  • Instagram

©2022 por laurameza99. Creado con Wix.com

bottom of page